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Lula logra una histórica reelección en Brasil

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva para un cuarto mandato presidencial en Brasil provocó una ola de reacciones internacionales y volvió a colocar al país sudamericano en el centro del debate político regional. Con el 99,9 % de las urnas contabilizadas, el mandatario izquierdista obtuvo el 51,7 % de los votos en la segunda vuelta del domingo 25 de octubre de 2026, frente al 48,2 % alcanzado por el senador conservador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Miles de brasileños se desbordaron a apoyar a Lula en la Avenida Paulista el sábado (24.10.2026).

El resultado representa una remontada política para Lula, quien había quedado por detrás de su adversario en la primera ronda electoral. Su victoria también constituye un hecho inédito en la historia electoral brasileña desde el retorno de las elecciones presidenciales directas en 1989, al convertirse en el primer candidato derrotado en primera vuelta que consigue revertir el resultado y ganar el balotaje. Durante sus primeras declaraciones en São Paulo, el presidente atribuyó el triunfo a la movilización ciudadana y al convencimiento de que la participación electoral era fundamental para preservar la democracia.

Sin embargo, la celebración quedó marcada por el rechazo de Flávio Bolsonaro, quien anunció que solicitará la anulación de los comicios. El senador aseguró que no reconoce el resultado y cuestionó las condiciones en las que se desarrolló la votación. La jornada electoral también estuvo marcada por dificultades en el transporte público y las intensas lluvias en algunas localidades, circunstancias que motivaron una ampliación del horario de votación en determinados centros. Pese a las controversias, la abstención disminuyó del 21 % registrado en la primera vuelta al 19 % en la jornada definitiva.

En la imagen aparece el presidente Lula da Silva su vicepresidente Geraldo Alckmin y un grupo de seguidores.

En América Latina, las felicitaciones llegaron desde gobiernos con distintas orientaciones ideológicas. El presidente chileno, José Antonio Kast, aliado político de Bolsonaro, reconoció el triunfo y expresó su disposición a fortalecer los vínculos con Brasil, especialmente en materia de integración económica y lucha contra el crimen organizado. La dirigente peruana Keiko Fujimori también felicitó al mandatario por su reelección, mientras que los presidentes Daniel Noboa, de Ecuador; Luis Abinader, de República Dominicana; y Santiago Peña, de Paraguay, destacaron la importancia de mantener la cooperación regional.

Desde el bloque progresista, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó el resultado como una victoria histórica y defendió la continuidad de una agenda orientada a la soberanía y la justicia social. El mandatario uruguayo Yamandú Orsi, por su parte, celebró el resultado y resaltó el valor democrático del proceso electoral. También se sumaron a las felicitaciones el presidente guatemalteco Bernardo Arévalo y la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, quienes expresaron públicamente su respaldo al dirigente brasileño.

La reelección también recibió mensajes de importantes actores internacionales. China e India destacaron su intención de profundizar la cooperación con Brasil, en particular dentro de los BRICS y en iniciativas vinculadas al fortalecimiento del Sur Global. En Europa, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el mandatario francés, Emmanuel Macron, celebraron el resultado, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo vinculó con la defensa de la democracia y el multilateralismo. Desde Canadá, el primer ministro Mark Carney destacó el fortalecimiento de las relaciones bilaterales durante la gestión de Lula.

Seguidores de Lula da Silva celebran el resultado electoral en Río de Janeiro.

Con este resultado, Brasil mantiene un gobierno de izquierda en una región donde varias naciones han experimentado un avance de fuerzas conservadoras. La victoria de Lula, que se encamina a un cuarto mandato presidencial, abre una nueva etapa política para la mayor economía latinoamericana, con desafíos internos relacionados con la polarización y la legitimidad electoral, además de la expectativa internacional sobre su papel en la integración regional, el comercio y la política global.

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