El Real Madrid logró una victoria tan necesaria como agónica en su visita al Estadio Georgios Karaiskakis, donde venció 3-4 al Olympiacos en un duelo que dejó más dudas que certezas. Xabi Alonso, cuestionado por los resultados recientes, el pobre nivel de juego y los rumores internos, vivió 22 minutos de auténtico sufrimiento con una alineación experimental y sin Bellingham, quien finalmente entró al cierre pese a que se aseguraba que estaba lesionado. La irrupción de Mbappé —autor de un póker histórico— y la exhibición de Vinicius parecieron encaminar un triunfo holgado, pero un desorden defensivo alarmante volvió a exponer la fragilidad del conjunto blanco.
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Olympiacos, que aún no gana en la Champions, exigió al Madrid desde el inicio con un fútbol valiente y vertical. El equipo de Mendilibar abrió el marcador con una acción fulminante que Chiquinho culminó desde la frontal, aprovechando la desconexión del improvisado sistema defensivo madridista. Alonso trató de reorganizar un bloque en el que Mendy regresaba tras lesión y Valverde actuaba como extremo derecho, pero las dificultades para sacar la pelota provocaron más sobresaltos que soluciones. Aun así, una genialidad de Vinicius en el minuto 22, habilitando a Mbappé, cambió por completo el guion y desató una avalancha ofensiva que llevó al francés a marcar tres goles más antes del descanso.
La segunda parte reabrió el partido. El ingreso de Taremi, especialista en el juego aéreo, complicó a un Madrid que volvió a mostrar su eterna debilidad ante los centros laterales. El iraní descontó con un cabezazo dentro del área, devolviendo la presión a los blancos. Ceballos ingresó para dar pausa, pero fue Vinicius quien mantuvo el control emocional con una actuación eléctrica, rozando un gol antológico antes de asistir a Mbappé para su cuarto tanto de la noche. Pese al triunfo, la inquietud se mantiene: ni con cuatro goles fuera de casa el Madrid logra respirar tranquilo, evidenciando que el desequilibrio defensivo sigue siendo su gran talón de Aquiles.






