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Estados Unidos rediseña su pirámide alimentaria con un giro nutricional

La administración de Donald Trump ha dado un giro visual a una de las herramientas más reconocibles de la educación nutricional: la pirámide alimentaria. El gobierno estadounidense ha presentado una nueva pirámide invertida, integrada en sus pautas alimentarias actualizadas, con menos grupos de alimentos y un discurso alineado con la agenda “Make America Healthy Again” (MAHA) impulsada desde el Departamento de Salud.

La nueva propuesta, desarrollada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, reduce la estructura clásica de seis secciones a solo tres grandes bloques: proteínas, lácteos y grasas saludables; frutas y verduras; y cereales integrales. Los alimentos ultraprocesados y los dulces desaparecen del gráfico, mientras que los cereales -históricamente la base de la pirámide- pasan a ocupar el espacio más pequeño.

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El rediseño responde a una visión defendida desde hace años por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien apoyó públicamente el cambio afirmando que la pirámide “ya estaba patas arriba” y que esta versión simplemente “lo arregla”. La nueva guía promueve el consumo de alimentos naturales, integrales o mínimamente procesados, incrementa la recomendación de proteínas y lácteos enteros y elimina referencias cuantitativas claras sobre el consumo de alcohol, limitándose a sugerir “beber menos”.

Más allá del contenido nutricional, el cambio resulta especialmente relevante desde el punto de vista del diseño y la comunicación pública. El nuevo portal oficial, realfood.gov, adopta una estética minimalista claramente inspirada en marcas de consumo saludable como Chobani o Sweetgreen: tipografías de palo seco, espacios en blanco e ilustraciones de estilo retro que evocan publicaciones de alimentación de los años setenta.

El resultado es una pieza visualmente atractiva, aunque algunos expertos en nutrición ya han señalado algunas limitaciones como herramienta pedagógica. La pirámide no indica con claridad proporciones, cantidades ni raciones recomendadas. La colocación de los alimentos dentro del gráfico resulta ambigua y obliga al usuario a interactuar con la web para obtener información adicional. Incluso los cálculos básicos, como el consumo recomendado de proteínas, requieren que el usuario convierta su peso a kilogramos, una barrera para buena parte de la población estadounidense.

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